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Mérida · Espacio público · Narrative / Intelligence Brief

La ciudad no cabe
en una cifra de seguridad.

Mérida conserva fortalezas. También una colección de problemas que no desaparecen porque el balance general resulte favorable. La ENSU permite leer ambas cosas: cómo se percibe la ciudad, cómo se usa y qué capacidad de respuesta se reconoce en sus autoridades.

Septiembre de 2026 · ENSU, tercer trimestre · Lectura editorial al 26 de octubre de 2026 · HOWEDOING · Intelligence & Analysis

Hay una forma muy cómoda de hablar de Mérida.

Decir que es segura.

Y pasar al siguiente tema.

El dato importa. Por supuesto que importa. Pero la gente no vive dentro de un indicador. Vive en una calle. Se mueve entre cruces, parques, mercados, paradas y avenidas. Y para explicar esa experiencia hacen falta más preguntas que una sola.

En septiembre, 65.2% de los adultos de Mérida consideró seguro vivir en su ciudad; 34.0% la consideró insegura. No hay que fabricar el primer porcentaje restando el segundo a cien: el tabulado publica ambos y conserva un resto de respuestas no especificadas.

La misma encuesta dice que 82.0% identifica baches. Que 67.4% señala coladeras tapadas. Que 52.0% reconoce alumbrado insuficiente.

Una fortaleza no cancela una carencia.
Y una carencia no vuelve falsa la fortaleza.

Ésa es la historia. No una competencia para decidir si Mérida es un paraíso o un desastre. Una lectura de cómo se vive el espacio público y de qué riesgos y oportunidades aparecen cuando dejamos de escoger una sola cifra.

Fuente: INEGI, ENSU, cuadros 1.7 y 9.5. Población de 18 años y más del área urbana de Mérida; no equivale a todo el estado ni necesariamente al territorio completo del municipio.

Primero, la ventaja. Sin confeti.

La percepción de inseguridad de Mérida es inferior al 58.1% del conjunto de áreas urbanas cubiertas por la ENSU. La diferencia es de 24.1 puntos porcentuales. Una ventaja descriptiva importante.

Pero el movimiento reciente requiere menos entusiasmo y más precisión.

Percepción de inseguridad en Mérida

34.0%
38.2%
34.0%
Septiembre 2025Junio 2026Septiembre 2026

La estimación baja 4.2 puntos frente a junio y queda en el mismo nivel de un año antes.

Escala de las columnas: 0–100%. INEGI, reporte de resultados, cuadros 1 y 2. La reducción trimestral no está marcada como estadísticamente significativa al 95%; percepción no equivale a incidencia delictiva.

Ni una caída acreditada de la seguridad ni una recuperación extraordinaria demostrada. Mérida conserva una posición favorable y el indicador anual permanece igual.

Ahora salgamos del promedio.

La amplia colección de dolores.

El problema más extendido no necesita presentación: los baches. Ocho de cada diez adultos los identifican. Después vienen coladeras, agua, tráfico, hospitales y alumbrado. La ciudad no entrega sus problemas en cajones administrativos. La encuesta los separa para medirlos; la experiencia cotidiana puede reunirlos en un mismo recorrido.

82.0%

Identifica baches en calles y avenidas.

67.4%

Identifica coladeras tapadas por desechos.

52.0%

Identifica alumbrado público insuficiente.

INEGI, cuadro 9.5. Porcentajes de adultos que identifican cada problema en la ciudad, no porcentajes de calles dañadas, coladeras obstruidas o lámparas apagadas.

Once problemas, una misma ciudad

Baches en calles y avenidas82.0%
Coladeras tapadas por acumulación de desechos67.4%
Fallas y fugas en el suministro de agua potable63.7%
Calles y avenidas con embotellamientos frecuentes58.1%
Hospitales saturados o con servicio deficiente55.1%
Alumbrado público insuficiente52.0%
Deficiencias en la red pública de drenaje44.1%
Parques y jardines descuidados35.3%
Delincuencia (robos, extorsiones, secuestros, fraudes, etc.)31.3%
Servicio de transporte público deficiente29.9%
Ineficiencia en el servicio de limpia y recolección de basura28.6%

INEGI, ENSU, cuadro 9.5. Septiembre de 2026. Escala 0–100%; respuestas múltiples: no se suman. Se muestran las once problemáticas listadas para Mérida en este cuadro. No todas son competencia exclusiva municipal.

El 98.0% identifica al menos una de las problemáticas urbanas consideradas. No significa que 98% desapruebe al Ayuntamiento. Significa que reconocer problemas en la ciudad es una experiencia extraordinariamente extendida.

Y no, el 31.3% que identifica delincuencia como problemática no debe confundirse con el 34.0% que considera inseguro vivir en Mérida. Son preguntas distintas. La precisión no debilita la historia: evita que se caiga por una cifra mal contada.

El agua tiene más de una pregunta

Hay 67.4% que identifica coladeras tapadas, 63.7% que señala fallas y fugas de agua potable y 44.1% que reconoce deficiencias en la red de drenaje. No son tres formas de medir exactamente lo mismo. Tampoco una medición directa de inundaciones, profundidad del agua o tiempo de desagüe.

Las coladeras tapadas sí merecen un reflector propio: su estimación supera en 10.4 puntos al agregado de ciudades, de 57.0%. Es una diferencia descriptiva, no una prueba de significancia. Y es una razón concreta para investigar prevención, limpieza y funcionamiento, no únicamente operativos después de la lluvia.

Basura y parques tampoco desaparecen del mapa: 28.6% identifica ineficiencia en limpia y recolección y 35.3% parques descuidados. Que un problema sea menos mencionado que los baches no lo vuelve pequeño para quien lo encuentra todos los días.

La seguridad cambia cuando cambia el lugar.

La valoración general no sustituye la pregunta por cada espacio. En Mérida, 91.3% se siente seguro en casa; 89.4%, en el trabajo; 86.1%, en el automóvil; 84.8%, en centros comerciales; y 81.1%, en parques o centros recreativos.

En la calle, la sensación de seguridad es 62.5%. Son universos específicos por espacio: el tabulado no trata todos los lugares como si todas las personas los usaran o pudieran evaluarlos igual.

Inseguridad percibida por espacio

Calle37.5%
Cajero automático localizado en la vía pública36.7%
Mercado34.3%
Carretera32.5%
Transporte público26.7%
Parque o centro recreativo18.9%
Banco17.5%
Centro comercial15.2%
Automóvil13.9%

INEGI, cuadro 1.9. Septiembre de 2026. Escala 0–100%. Cada porcentaje utiliza la base específica publicada para ese espacio, que puede excluir «no aplica» y respuestas no especificadas. Se muestran los nueve espacios listados para Mérida en el cuadro.

La calle registra 37.5% de inseguridad percibida; el transporte público, 26.7%; los parques, 18.9%. No hay un único espacio público, ni una única manera de experimentarlo.

Pero aquí hay que frenar una tentación: poner el dato de alumbrado junto al de inseguridad en la calle no demuestra que uno cause el otro. Lo mismo ocurre con parques y mantenimiento. Para establecer asociaciones necesitamos cruzar respuestas individuales y considerar el diseño de la muestra. Para hablar de causas necesitamos todavía más.

Lo que sí podemos decir es que la mirada cambia al bajar del balance general al espacio concreto. Ahí aparece una agenda que el promedio no alcanza a explicar.

Fuente adicional de seguridad por espacio: cuadro 1.8. Los datos no identifican calles, parques, paradas ni colonias concretas.

Cuando el temor modifica el recorrido.

Una cosa es decir que un lugar produce inseguridad. Otra es cambiar lo que se hace por temor a la delincuencia. Ahí la percepción adquiere una consecuencia cotidiana.

19.4%

Modificó el hábito de caminar de noche alrededor de su vivienda.

18.7%

Modificó el hábito de llevar cosas de valor.

17.2%

Modificó el hábito de permitir que menores del hogar salgan solos.

INEGI, cuadro 4.3, tercer trimestre de 2026. Bases específicas por hábito: 979,641; 1,008,096; y 556,233 personas adultas representadas, respectivamente. El tercero no es un porcentaje de niñas y niños. No sumar porcentajes.

Hay un contrapeso que tampoco debemos esconder: 80.6% no modificó el hábito de caminar de noche y 91.2% no cambió el de visitar parientes o amistades, entre las bases aplicables de cada pregunta. La ciudad no está uniformemente replegada.

La lectura no necesita dramatización: para una parte de la población, el temor ya interviene en decisiones sobre cómo salir, qué llevar y qué permitir. Para otra parte mayoritaria, esos hábitos se mantienen. Ambas cosas importan.

La pregunta no es sólo si la ciudad se siente segura.
También cuánto permite vivirla sin cambiar de planes por miedo.

INEGI, cuadros 4.3 y 4.4. Los cambios se atribuyen al temor a la delincuencia en la pregunta; no a baches, transporte deficiente o alumbrado por separado.

Lo que se ve y lo que se espera.

El entorno no está compuesto únicamente por infraestructura. En el tercer trimestre, 42.2% reportó haber visto o escuchado sobre consumo de alcohol en las calles alrededor de su vivienda; 30.0%, robos o asaltos; 27.0%, vandalismo; 25.3%, venta o consumo de drogas; y 2.2%, disparos frecuentes con armas.

Son reportes de atestiguación, no tasas de delitos ni víctimas. El último porcentaje, pequeño y potencialmente más impreciso, no debe convertirse en un ranking ni en una conclusión espectacular sin revisar sus medidas de precisión.

INEGI, cuadro 3.3. La pregunta recoge haber visto o escuchado conductas en los alrededores de la vivienda durante el trimestre. Las categorías no son excluyentes.

El futuro también divide: 59.3% espera que la seguridad mejore o siga igual de bien en los próximos doce meses; 39.5% que empeore o siga igual de mal. Son expectativas, no pronósticos. Y cada categoría combina continuidad y cambio: el primer grupo no significa que 59.3% espere una mejora.

Se puede reconocer una fortaleza presente y seguir preocupado. También se puede identificar problemas y conservar una expectativa favorable. La ciudadanía no tiene obligación de responder como si estuviera redactando un eslogan.

INEGI, cuadro 2.3. Expectativas a doce meses desde septiembre de 2026. El resto corresponde a respuestas no especificadas.

Confianza no es un cheque en blanco.

El gobierno municipal conserva mucha o algo de confianza en 59.3% de los adultos de Mérida. El federal registra 58.4%; el estatal, 54.5%. El municipal encabeza numéricamente la estimación. No hemos probado que las diferencias sean estadísticamente significativas, especialmente la de 0.9 puntos frente al federal.

Confianza en los tres órdenes de gobierno

Municipal59.3%
Federal58.4%
Estatal54.5%

INEGI, cuadro 14.2. Mucha o algo de confianza entre adultos de Mérida. Escala 0–100%. No es aprobación personal de titulares ni una estimación de todo Yucatán. Desconfianza: municipal 38.4%, federal 40.1%, estatal 44.4%; el resto no se clasifica en estas dos agrupaciones.

Hasta aquí hay una fortaleza institucional. Ahora cambiemos de pregunta.

¿Qué tan efectivo es el gobierno de la ciudad para resolver los problemas principales?

Dos preguntas. Dos respuestas.

59.3% expresa confianza municipal.
35.2% considera muy o algo efectivo al gobierno de la ciudad.
62.5% lo considera poco o nada efectivo.

INEGI, cuadros 14.2 y 9.6. Indicadores diferentes y no categorías de una misma distribución. La efectividad se refiere a problemas principales en conjunto, no sólo a mantenimiento.

No es una encuesta que se contradice. Es una distinción que conviene escuchar.

Confiar y reconocer capacidad de resolver no son lo mismo. Tampoco podemos asegurar, sin cruzar cada respuesta, cuántas de las personas que confían son las mismas que consideran insuficiente la efectividad.

Pero la distancia descriptiva existe: 24.1 puntos entre confianza municipal y efectividad favorable. No es una medida oficial de «confianza perdida». Es un contraste entre preguntas que abre una oportunidad: hay una relación institucional que puede respaldarse con resultados, antes de darla por garantizada.

Comunicar tampoco es resolver.

El 39.3% conoce o ha escuchado que el gobierno de la ciudad implementó actividades o programas para prevenir violencia o delincuencia; 59.9% dice que no. La pregunta se refiere específicamente a prevención, no a todas las acciones del Ayuntamiento.

Eso abre una pregunta sobre conocimiento público, no una prueba automática de mala comunicación. Desconocer un programa no demuestra que no exista; conocerlo no prueba que funcione. Y tampoco autoriza concluir que una campaña adicional resolverá el deterioro.

La tentación de arreglar una cifra con otro anuncio es comprensible. La encuesta, sin embargo, obliga a distinguir cuatro cosas: lo que la gente conoce, lo que confía, lo que considera efectivo y lo que encuentra problemático.

INEGI, cuadro 10.3. Septiembre de 2026. No se atribuyen efectos de comunicación a partir de este único indicador.

Los riesgos. Y las puertas que siguen abiertas.

El riesgo de la cifra cómoda

Usar la seguridad para cerrar la conversación sobre la ciudad. El promedio favorable no describe por sí solo la calle, el transporte o el parque.

La oportunidad de mirar completo

Reconocer seguridad y confianza como fortalezas, y utilizar los problemas identificados para ordenar prioridades sin fingir que todo está perdido.

El riesgo del mantenimiento sin memoria

Contar intervenciones sin saber si la misma falla vuelve. La ENSU no demuestra reincidencia; indica dónde urge contrastarla con registros y recorridos.

La oportunidad de probar resultados

Medir durabilidad del bacheo, funcionamiento del alumbrado, continuidad del mantenimiento y tiempo de desagüe. Son propuestas de seguimiento, no resultados ya observados.

¿Falta presupuesto? ¿La organización quedó rebasada? ¿Pesa más el envejecimiento de la infraestructura? Con estos tabulados no podemos escoger una causa y darla por resuelta. Mucho menos asegurar que el modelo permanece intacto desde 1991.

La hipótesis organizacional merece investigación. Para probarla necesitamos inventarios, kilómetros atendibles, cuadrillas disponibles, gasto ejercido, mantenimiento programado e historial de fallas. Sin ese cruce, «es organización, no dinero» sería otra frase cómoda. Justamente lo que queríamos evitar.

También debemos resistir el mapa fácil. Estos datos no permiten señalar qué colonias, qué zonas del norte o del sur, ni qué grupos cargan con mayor deterioro. Ésa es una pregunta territorial pendiente, no una conclusión escondida entre porcentajes.

La ciudad que se conserva es la que se puede usar.

Mérida tiene una ventaja que vale la pena cuidar: una valoración de seguridad favorable y confianza municipal mayoritaria. También tiene una advertencia: la evaluación de su capacidad para resolver queda muy por debajo de esa confianza.

No hace falta elegir entre celebrar lo primero o reconocer lo segundo. Hace falta entender que una fortaleza puede conservarse mejor cuando deja de usarse como excusa para ignorar las carencias.

Una calle no se vuelve transitable por ganar una comparación. Un parque no recibe mantenimiento porque la ciudad tenga buena reputación. Y confiar en una autoridad no obliga a considerar suficientes sus resultados.

La enseñanza es menos cómoda que un ranking, pero más útil: la seguridad es una fortaleza; poder vivir y recorrer el espacio público es la prueba cotidiana de lo que esa fortaleza permite.

La oportunidad no consiste en demostrar que Mérida ya es todo lo que promete. Consiste en acercar, intervención tras intervención, la ciudad que se anuncia a la ciudad que se puede usar.

Atribución integrada: INEGI, Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, septiembre de 2026; tabulados básicos 1, 2, 3, 4, 9, 10 y 14 y reporte publicado el 23 de octubre. Cifras redondeadas a un decimal. Los porcentajes describen percepciones, atestiguación, expectativas o hábitos según cada pregunta: no constituyen un censo físico, una medición de incidencia delictiva ni una evaluación causal. Las propuestas y riesgos descritos son interpretación editorial. Este reporte desarrolla los indicadores locales pertinentes al espacio público; no reproduce todos los cuadros de la encuesta.