Yucatán subió. Ahora hay que averiguar por qué.
El lugar 7 del ICE 2026 es un resultado real. Pero un ranking no distingue por sí solo entre tres historias muy diferentes: mejorar, resistir o simplemente quedar mejor porque los demás se movieron peor. Cuando Yucatán se compara contra Yucatán, la fotografía cambia.
Actualización editorial. Esta versión incorpora contexto adicional sobre el crecimiento reciente del PIB de Yucatán, recibido después de la primera publicación. La actualización amplía la lectura económica; no modifica la clasificación ni los datos con los que IMCO ubica al estado en el séptimo lugar.
El número siete parece el final. En realidad es el principio.
En 2023 Yucatán ocupaba el lugar 15 nacional. En 2026 aparece en el 7. Ocho lugares de diferencia en tres ediciones. Vista desde lejos, la historia parece sencilla: Yucatán mejoró.
Pero hay un dato que estorba esa explicación. En 2023, cuando Yucatán era apenas el número 15, ya ocupaba el primer lugar nacional en Derecho. Es decir, una de las ventajas que hoy ayudan a explicar su posición competitiva ya estaba ahí antes del ascenso.
Entonces aparece la pregunta que importa: si la seguridad ya estaba, ¿qué cambió?
La respuesta no está en una sola cifra. Entre 2023 y 2026 aumentó el acceso a internet, creció el peso del turismo, subió el flujo de pasajeros aéreos, avanzó la escolaridad y aumentó el ingreso mensual de los trabajadores de tiempo completo. La informalidad, en cambio, apenas cedió. Y cuando acercamos la lupa a 2025–2026 aparecen avances fuertes junto a retrocesos difíciles de ignorar.
La primera pista estaba escondida a plena vista
Entre el Yucatán de 2023 y el de 2026 sí hay cambios materiales. El acceso a internet en las viviendas pasa de 52% a 74.9%. El PIB turístico, de 2.1% a 4.6% del PIB estatal. Los pasajeros aéreos, de aproximadamente 1,334 a 1,573 por cada mil habitantes. La escolaridad promedio de la población de 25 años o más, de 9.3 a 10.2 años. El ingreso promedio mensual de trabajadores de tiempo completo, de $8,336 a $11,969.
Eso no es inmovilidad. Hay una transformación visible en conectividad, turismo, movilidad aérea, educación e ingreso nominal. Pero el mismo recorrido muestra algo mucho menos espectacular: la informalidad laboral pasa de alrededor de 60% a 58.2%. Tres años después, casi seis de cada diez ocupados siguen trabajando en condiciones de informalidad.
Ésta es la primera tensión del Deep Dive: Yucatán sí cambió, pero no cambió entero. Algunas capacidades se expandieron mucho más rápido que la estructura laboral capaz de convertirlas en empleo formal y bienestar.
2026. Alta volatilidad
Hasta aquí habíamos estado mirando a Yucatán contra Yucatán. Pero para entender por qué pasar del lugar 10 al 7 no significa exactamente lo mismo que “mejorar tres lugares”, hay que abrir la cámara.
Cuando aparecen las otras 31 entidades, 2026 deja de parecer un año normal. El tablero se movió. Hubo estados que saltaron varias posiciones y otros que perdieron terreno con la misma violencia. Quintana Roo ganó doce lugares; Nayarit, ocho; Campeche, seis. En sentido contrario, Chihuahua, Hidalgo y Sinaloa perdieron siete posiciones cada uno; Baja California cayó seis.
Yucatán ganó tres.
La escena cambia. Yucatán no adelantó a tres competidores dentro de una fila quieta. Se movió dentro de un sistema en el que varios estados avanzaron o retrocedieron con mucha mayor intensidad. Eso ayuda a explicar el ascenso.
Pero no lo explica todo. La volatilidad nacional no borra los cambios que ya encontramos dentro de Yucatán: hay indicadores que efectivamente mejoraron, otros que empeoraron y otros que prácticamente no se movieron. Por eso el +3 del ranking no debe atribuirse por completo al movimiento de los demás.
Su trayectoria reciente lo vuelve todavía más claro: 8 → 10 → 7. No es una escalera. Primero perdió dos posiciones y después recuperó tres. Al final de ese recorrido quedó apenas un lugar por encima de donde estaba dos años antes.
Eso convierte al séptimo lugar en algo más interesante que una simple mejora. Puede contener transformation, puede contener resilience y puede contener relative gain. Para separar las tres cosas tendremos que volver, una vez más, a los indicadores.
Entonces acercamos la lupa: 2025 contra 2026
La comparación más limpia está aquí. En 2025 Yucatán era décimo; en 2026 es séptimo. En apenas una edición gana tres posiciones. Si sólo observáramos el ranking, podríamos concluir que fue un año de mejora generalizada. No lo fue.
Sociedad y Medio Ambiente pasa del lugar 25 al 17. Innovación y Economía, del 22 al 17. Derecho, del 2 al 1. Sistema Político y Gobiernos, del 3 al 2. Infraestructura permanece en 17. Mercado de Trabajo retrocede del 19 al 23.
Y ahí cambia la lectura. Un estado puede ganar lugares sin mejorar su valor si los demás empeoran más. También puede mejorar su valor y no ganar un solo lugar si sus competidores avanzan al mismo tiempo. El ranking mezcla ambas cosas. Nuestro trabajo es separarlas.
Improvement no es lo mismo que movement
Ésta es la distinción que organiza todo el reporte. Improvement significa que el indicador propio de Yucatán se mueve en una dirección favorable. Relative movement significa que cambia su lugar frente a las otras 31 entidades. Y resilience aparece cuando el estado logra sostener una condición mientras el entorno comparativo se deteriora.
Las tres cosas pueden coincidir. Pero no tienen por qué.
Y también existe el caso contrario: Yucatán puede mejorar y quedarse en el mismo lugar porque los demás también mejoraron. Entonces el ranking no se mueve, pero el estado sí.
Con esta regla, el número siete deja de ser la conclusión y se convierte en una pista.
Infraestructura: el caso que demuestra que quedarse no es estancarse
Infraestructura permanece en el lugar 17 entre 2025 y 2026. Si sólo leyéramos posiciones, escribiríamos “sin cambio”. Sería una descripción incompleta.
El acceso a internet salta de 62.5% a 74.9%. Los contratos que usan banca móvil pasan de aproximadamente 7,770 a 8,271 por cada 10 mil adultos. Los pasajeros aéreos aumentan de 1,496.6 a 1,572.6 por cada mil habitantes. Los heridos en accidentes de tránsito bajan de 223 a 209.5 por cada 100 mil habitantes.
Hay también indicadores que no acompañan: la captación de ahorro baja de 58,951 a 56,119 pesos por millón del PIB; la carga aérea disminuye; y las terminales punto de venta retroceden ligeramente.
Éste es un caso especialmente útil porque obliga a abandonar la equivalencia automática entre ranking y desempeño. El estado mejora en varias piezas y conserva exactamente la misma posición. La explicación plausible —que el resto del país también se movió— requiere la comparación completa de las 32 entidades. Hasta hacerla, no necesitamos inventarla: el dato propio ya demuestra que same rank no significa same performance.
Derecho: ser primero tampoco significa que todo mejoró
El movimiento contrario aparece en Derecho. Yucatán pasa del segundo al primer lugar nacional. Es una fortaleza competitiva indiscutible dentro del índice. Pero el primer lugar es una comparación contra otros; no una certificación de que todos los componentes locales avanzaron.
La propia serie previa ya advertía la paradoja: Yucatán había sido primero en Derecho en 2023 y, aun así, era 15 general. Seguridad y Estado de derecho pueden sostener una ventaja extraordinaria sin resolver por sí mismos la competitividad completa.
Además, la boleta muestra que una posición sobresaliente puede convivir con fragilidades. En 2025, por ejemplo, Yucatán combinaba tasas muy bajas de homicidio, robo de vehículos e incidencia delictiva con 90% de delitos no denunciados. La fortaleza existe; no es perfecta.
Y entonces aparece la contradicción más grande: el trabajo
Mientras el estado llega al séptimo lugar general, Mercado de Trabajo cae cuatro posiciones y termina en el 23. Aquí la historia deja de ser una discusión metodológica y toca la vida cotidiana.
Hay señales favorables. La informalidad baja de 59.3% a 58.2%. El ingreso promedio mensual de trabajadores de tiempo completo sube de $10,790 a $11,969. La población con educación superior pasa de 25.5% a 29.1%. La escolaridad media avanza de 9.4 a 10.2 años. La participación laboral aumenta de 65.8% a 66.3%.
Pero al lado de esos datos ocurre algo distinto. El crecimiento de puestos registrados ante el IMSS pasa de +0.3% a −1.1%. El crecimiento de las unidades económicas con más de 50 empleados cambia de +3.7% a −3.8%. Y la brecha de ingresos por género se amplía de 12.8% a 18.9%.
Eso sugiere —y aquí sí hablamos de interpretación, no de causalidad demostrada— un estado que está acumulando ciertas capacidades más rápido de lo que consigue traducirlas en estructura laboral formal.
El crecimiento importa. Y mucho.
Hay una pieza que merece hacerse explícita. En la propia boleta del ICE 2026, IMCO registra para Yucatán un crecimiento real promedio del PIB de 3.9% durante los últimos tres años. Ese valor coloca al estado en el sexto lugar nacional en el indicador. No es una estimación añadida por HOWEDOING: forma parte de los datos con los que IMCO construyó la clasificación que ubica a Yucatán en el lugar 7.
Una actualización recibida después de la primera publicación permite añadir contexto a ese 3.9%. De acuerdo con los datos proporcionados por el Secretario Técnico de la Unidad de Planeación y Gestión, dentro de la Coordinación General de Buen Gobierno del Ayuntamiento de Mérida, Yucatán cerró 2024 con un crecimiento de 5.4% y 2025 con aproximadamente 4%; para 2023–2025 se reporta además un crecimiento nominal acumulado del PIB de 7.9%. La referencia aportada sitúa el crecimiento nacional promedio alrededor de 1.5% en el periodo considerado.
La distinción es importante. HOWEDOING no recalculó el ICE ni construyó una clasificación alternativa. El séptimo lugar es la clasificación de IMCO. El análisis abre esa clasificación para observar qué contiene. En ese marco, el crecimiento económico aporta una señal fuerte: el estado no sólo aparece bien colocado en el ranking general; el propio IMCO lo ubica entre los seis primeros del país en crecimiento promedio real del PIB.
Pero crecimiento y competitividad no son sinónimos. Innovación y Economía sube cinco lugares, del 22 al 17, y dentro del estado ocurren movimientos favorables: la complejidad económica en sectores de innovación pasa de 41.0 a 56.5; las patentes se triplican, de 0.6 a 1.8 por cada 100 mil personas económicamente activas; el PIB turístico sube de 3.9% a 4.6%; las exportaciones aumentan de 5.9% a 7.1% del PIB.
Al mismo tiempo, la inversión extranjera directa baja de 0.6 a 0.3 dólares por millar del PIB; el PIB per cápita se reduce ligeramente, de $218,450 a $217,123; y la diversificación económica pasa de 812 a 802 sectores.
La evidencia obliga a conservar ambas partes de la historia. El crecimiento es una fortaleza real dentro de la medición de IMCO. A la vez, convive con señales económicas y laborales que no avanzan en la misma dirección. Esa contradicción no invalida el crecimiento; permite entender mejor qué significa —y qué todavía no significa— ocupar el séptimo lugar.
Las mujeres muestran por qué un promedio puede esconder dos historias
La participación de mujeres económicamente activas aumenta ligeramente, de 42.0% a 42.4%. A primera vista, es una señal favorable. Pero la brecha de ingresos por género pasa de 12.8% a 18.9%. Y la diferencia de informalidad laboral entre mujeres y hombres continúa en una posición nacional muy rezagada.
La conclusión correcta no es que la participación femenina “empeoró”. Tampoco que el mercado laboral “mejoró para las mujeres” porque participan un poco más. Son dos dimensiones diferentes.
Ahora el número siete empieza a contar otra historia
Visto desde esta perspectiva, el ascenso de Yucatán no desaparece. Se vuelve más interesante.
Hay improvement: internet, escolaridad, educación superior, complejidad económica, patentes, turismo y algunas variables laborales muestran movimientos propios favorables. Hay fragilidad: empleo IMSS, empresas de más de 50 trabajadores, inversión extranjera y brecha salarial de género muestran retrocesos. Hay fortalezas persistentes: Derecho y capacidad institucional siguen colocando a Yucatán en posiciones nacionales altas.
Y existe una cuarta categoría que todavía debemos separar con cálculo nacional: resilience. Indicadores en los que Yucatán quizá no avanzó, pero sostuvo mejor su posición mientras otros estados cedían.
Lo que todavía no debemos afirmar
El ICE es comparativo. Por eso sabemos que el desempeño relativo de los otros estados importa. Pero con la evidencia consolidada hasta este punto no corresponde atribuir cada ganancia de Yucatán a una caída específica de sus competidores sin reconstruir la distribución nacional de cada indicador.
Ese límite no debilita el hallazgo. Lo hace más preciso. Ya sabemos que el salto del 10 al 7 no puede leerse automáticamente como una mejora equivalente de Yucatán, porque encontramos casos de mejora sin cambio de posición, avance relativo con comportamientos internos mixtos y retrocesos claros dentro de un resultado agregado mejor.
La siguiente prueba es matemática: tomar los valores 2025 y 2026 de las 32 entidades, respetar el sentido de cada indicador y observar quién mejoró, quién cayó y cuánto. Ahí podremos medir qué parte del séptimo lugar corresponde a transformation y qué parte a resilience.
La lectura final
Yucatán no llegó al lugar 7 de una sola manera.
Parte del estado sí mejoró. La conectividad es mayor. Hay más escolaridad. La educación superior creció. La complejidad económica y las patentes avanzaron. El turismo pesa más. Esos cambios existen y no dependen del ranking para ser reales.
Otra parte resistió. Mantener una fortaleza cuando el entorno competitivo cambia también tiene mérito. Si los demás caen y Yucatán aguanta, conservar el terreno es un logro. Pero hay que llamarlo por su nombre: resilience, no improvement.
Y otra parte sigue sin acompañar el relato del séptimo lugar. La informalidad apenas baja. El empleo formal reciente se contrae. Las empresas de mayor tamaño dejan de crecer. La brecha salarial de género aumenta. La IED retrocede.
Quizá ahí esté la verdadera historia. Entre 2023 y 2026 Yucatán pasó del 15 al 7. Pero el movimiento más interesante no está en esos ocho lugares. Está en descubrir qué cambió de verdad, qué simplemente resistió y qué todavía no logra moverse.
El ranking nos dijo dónde quedó Yucatán. El Deep Dive empieza cuando dejamos de conformarnos con esa respuesta.